La arquitectura contemporánea no se enseña. Se comparte la experiencia

25/03/2009

Taller internacional de verano. Ciudad de México 2008

La incorporación al panorama académico de nuevas escuelas de arquitecturas en Andalucía ha supuesto, no sólo la descentralización y desconcentración de alumnos y profesores en un único centro, sino una cierta oxigenación donde competencia sana y nuevas apuestas se dan la mano. Desde hace varios años se ofrecen workshop conjuntos o asignaturas llevadas a la limón entre clases de la misma o diversas asignaturas. Ello, además de un enriquecimiento mutuo, supone una puesta en común que a veces es más intensa y enriquecedora que la llevada a cabo dentro de una misma escuela. Workshop como los llevados a cabo en Larache, Fez, Glasgow, Copenhague, Reijkavik, Ciudad de México, La Habana, Oporto… o los monográficos cuatrimestrales en Alcalá de Guadaira y Baeza, que desde hace años vienen desarrollando conjuntamente los talleres de Luz Fernández Valderrama, Ignacio Capitán, Julio Barreno, Paco Márquez, Ricardo Alario, Paco Daroca, Javier Terrado, Paco Reina, Javier Tejido, etc. en Sevilla, Juan Gavilanes en Málaga o Marisol y Ubaldo García Torrente, Tomás G. Píriz, Antonio Cayuelas en Granada, con notables colaboraciones como María Gómez-Guillamón desde Copenhague, Manuel F. Sá en Porto, Alejandro Suárez Pareyón en México, etc. etc… muchos de ellos al amparo de la Cooperación Internacional de la Junta de Andalucía, van creando una tela de araña entre personas y pensamientos que poco a poco van dando sus frutos.

Estos encuentros que no suelen superar la semana de trabajo son de tal intensidad que en muchas ocasiones superan el esfuerzo vertido en meses de trabajo lectivo. Reflexionar sobre ello tal vez nos proporcione claves importantes para el desarrollo de la enseñanza de la arquitectura hoy y nos ayude a ser más certeros a la hora de perfilar la labor del arquitecto español, tal vez distinto del pretendido en la convergencia de Bolonia.

¿Cuáles son las claves del éxito de estos talleres conjuntos?

  • Empezando por la más básica, alumnos y profesores dedican todas sus facultades y concentración a un único tema sin la presión diaria de otras asignaturas, despachos profesionales, etc.
  • Por otro lado, al trabajar fuera del ámbito cotidiano y conocido, suele haber una ausencia de referencias directas, lo que supone un potente agente liberador de prejuicios.
  • Desde las aulas-taller los condicionantes son mínimos, lo que permite dejar ver el panorama más limpio.
  • Al no tener un conocimiento exhaustivo de la “problemática del lugar”, no se tiende a arreglar dichos problemas, sino a plantear nuevas incógnitas, nuevas situaciones asociadas a inesperados fenómenos desencadenados.
  • El trabajo de referencia sirve de base para una investigación que difícilmente puede llevarse a cabo desde los despachos de la administración o de profesionales.
  • Abre puertas, activa campos, inaugura corrientes, crea opinión y engrasa motores para que otros tomen el relevo. Se trata del trabajo de reflexión que difícilmente se lleva a cabo en situaciones de encargo real.
  • Por último, hay una puesta en valor de criterios como el de la percepción en lugar del análisis, la acción en lugar de la representación y las estrategias y los procesos en lugar de los planes acabados. Todo ello comporta nuevas preguntas en lugar de una respuesta acabada y única.

Cuando estos talleres se desarrollan como parte de la cooperación internacional, estos valores se elevan a la máxima potencia. La cooperación de un arquitecto está en ofrecer sus ideas, sus investigaciones, incluso aunque los anfitriones y patrocinadores reconozcan patrones utópicos y poco realistas en los resultados, corriendo el riesgo de dejar éstos olvidados en un cajón. La labor de los coordinadores en este sentido es fundamental y su difusión en medios audiovisuales y de crítica se convierte en una prioridad ya que el mundo de la arquitectura necesita, más que nunca una renovación de sus postulados y aquí se plantean fundamentalmente nuevos caminos para explorar.

Pese al esfuerzo continuado de muchos profesores que a título personal se dejan la piel en crear nuevas experiencias para sus alumnos, la institución, como tal está excesivamente compartimentada, incluso esclerotizadas: planteamientos como el de talleres verticales, trabajo continuado en la escuela, donde cada alumno disponga de un espacio reservado y fijo, intercambios continuos con otras facultades, ciclos de conferencias, sesiones críticas entendidas como revisiones parciales, patrocinios externos, etc. son fórmulas demandadas por profesores y alumnos desde hace décadas, pero siempre abortadas por razones de orden administrativo, económico y competencial. Si parece que hay unanimidad en que la enseñanza de la arquitectura no se produce fundamentalmente por transmisión de conocimientos, sino que se trata más bien de compartir experiencias en sentido amplio, incluso adisciplinar, parece que las estructuras tanto físicas como de organización de nuestra facultades están obsoletas. En estos momentos de crisis e incertidumbres, revisar y renovar estas estructuras es más que nunca una necesidad para no ser devorados ante la avalancha de circunstancias actuales. A día de hoy se da la feliz circunstancia de que nuestras tres escuelas andaluzas están dirigidas por personas que han defendido siempre estos y otros postulados más audaces. Tal vez sea el momento de abrir un debate amplio y desprejuiciado sobre la enseñanza de la arquitectura que, en definitiva, es modelar el futuro de la profesión.